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martes, 5 de noviembre de 2013

Adrienne von Speyr, médico, conversa al catolicismo, mística... habla de los encuentros con Jesús

La joven Adrienne von Speyr, en 1918
Adrienne von Speyr (La Chaux-de-Fonds, 20 de septiembre de 1902 — Basilea, 17 de septiembre de 1967) ha sido una de las místicas más importantes del siglo XX.

Fue la primera mujer que ejerció la profesión de médico en Suiza y tuvo una vida marcada por intensas iluminaciones desde la infancia, vividas con una cierta incomodidad debido a su confesión protestante de nacimiento.

Se convirtió al catolicismo con treinta y ocho años, en 1940, tras un largo periodo de crisis y búsqueda, poco después de haber conocido al jesuita Hans Urs von Balthasar, uno de los mayores teólogos católicos del siglo XX.

Permaneció siempre unida a él por una intensa relación espiritual, e inició con él una proficua colaboración intelectual.

Toda su misión de médico la dedicó al prójimo, a la que unió una intensa vida familiar — se casó una segunda vez al quedarse viuda — y, sobre todo, una intensa vida espiritual, centrada de manera particular en el misterio trinitario.

Punto de origen de su teología creativa es, de hecho, la Trinidad de Dios, que desde la eternidad ama, dialoga, crea.

Esta cercanía al centro del misterio cristiano, junto con la claridad y la fuerza expresiva de su escritura, hacen de su obra una de las más penetrantes e incisivas presentaciones de la doctrina cristiana.

Para Adrienne von Speyr la vida de fe es fuente de alegría y de paz, aunque no se le ahorra al creyente (como tampoco al místico) la cruz: en este sentido son importantes sus experiencias relacionadas con el Sábado Santo.



La segunda parte de su vida, una vez alcanzada la paz espiritual después de la conversión, estuvo marcada por enfermedades graves, grandes sufrimientos y, por último, por la ceguera.

Murió en 1967, después de haber recibido el don de los estigmas, precisamente el día de la fiesta de San Hildegarda, también ella médico y mística.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Doce enfermeras resistieron las amenazas de despido de su supervisora por no participar en abortos

Aquella mañana, Beryl Otieno Ngoje, enfermera de origen keniata en la Unidad Quirúrgica de Día de la Universidad de Medicina y Odontología de Nueva Jersey (UMDNJ), en Newark, trabajaba en labores administrativas cuando se le acercó su supervisora muy excitada.

-No te lo vas a creer. Lo tengo en la mano -le dijo.

-¿Qué tienes en la mano? -contestó Beryl.

-¿Quieres verlo?

-Sí -dijo, intrigada. Pero se arrepintió al instante.

En la palma de su compañera y superiora apareció un pequeño feto recién abortado.

"Me sentí como si me hubiesen golpeado con algo en el rostro", recuerda Beryl. Empezó a llorar.

-Lo siento, no sabía que reaccionarías así -balbuceó la otra, consternada.

No tardaría en desatarse una tormenta aún mayor en torno a otros bebés como el que acababa de ver, muerto.

Tres mujeres que aman su trabajo
Beryl es una de las enfermeras de la unidad especializadas en medicina de emergencia y con más de quince años de experiencia, como sus amigas Fe Esperanza Racpan Vinoya, filipina, y Lorna Mendoza, ferviente cristiana, con quienes pasa doce horas al día compartiendo todo tipo de situaciones. Les gusta su trabajo y están comprometidas con él.

"Es un trabajo noble", dice Fe: "Todo lo que haces por los pacientes les hace sentir mejor, y me satisface ayudar a los demás".

"No llegan aquí alegres y felices, llegan enfermos y heridos", añade Beryl: "Quieren alguien que esté ahí, y yo puedo aportar la diferencia, puedo ayudarles aunque sea un poco, y encuentro eso muy gratificante".

La unidad en la que trabajan ahora atiende casos de cirugía programada, como una operación de hernia, de cataratas... o, en ocasiones, un aborto.

Aborto: "En muchas ocasiones vuelven"
Y no se trata de que la madre esté en peligro, aclara Beryl: "Simplemente, deciden terminar con su estado. Son personas que llegan al médico y le dicen que no quieren ese embarazo. Mayoritariamente son adolescentes de 13, 14 o 15 años, y en muchas ocasiones vuelven".

sábado, 24 de noviembre de 2012

Dr. Estuardo Carrera, médico cirujano y ginecólogo habla sobre los anticoceptivos y el aborto

Para las personas que trabajan en la salud pero también para los padres de familia, para los jóvenes, para los sacerdotes, seminaristas, para todos que defendemos la vida, he aquí algunos argumentos frente a aquellos que apoyan estos métodos desde la medicina y la ciencia que nos ayudará a profundizar en estos temas tan espinosos que muchas veces no sabemos cómo argumentar.
Se esconden y se manipula la información y nos hace ver que no hay peligro donde lo hay cuando se utilizan estos métodos de planificación o cuando se dice que se buscan métodos abortivos que dicen son mejores para la salud cuando siempre hay riesgos para la salud graves. Hermanos hay toda una mafia que maneja el mercado de los anticonceptivos, hay mucho dinero detras que se enriquece de la enfermedad, que se enriquece con la poca capacidad que tenemos de manejar nuestra sexualidad.

Es bueno pues que develemos estas mentiras a la luz, aca les dejo esta excelente entrevista que hace Alejandro Bermúdez al Dr. Estuardo Carrera, médico cirujano y ginecólogo.


jueves, 25 de octubre de 2012

¿Cómo una monja del siglo XII, y que es santa, pudo descubrir el poder curativo de 20 piedras?

Hace 850 años, una monja de clausura llamada Santa Hildegarda de Binguen, que acaba de ser canonizada y nombrada Doctora de la Iglesia por Benedicto XVI, revolucionó la medicina del momento al transmitir una sabiduría sobre las virtudes curativas y profilácticas de una veintena de piedras preciosas o semipreciosas.

Santa Hildegarda, sin salir del convento, con una cultura y formación muy básica, transmitió lo que la “Luz Viva del Espíritu Santo” le dictaba, ofreciendo remedios sencillos a personas con dificultades de salud, basado en el contacto con determinadas piedras.

Con los años, los remedios curativos de Santa Hildegarda fueron bautizados por el pueblo como “la medicina de Dios”, y ya en pleno siglo XX, científicos y médicos alemanes descubrieron con asombro los conocimientos de esta monja del siglo XII, cuya sabiduría es, para muchos, “algo que viene del Cielo”.

Entrevistamos a José María Sánchez de Toca, uno de los mayores expertos en la obra de Santa Hildegarda en el mundo hispano. Él se ha encargado de traducir y preparar la primera edición completa en español de esta obra: El libro de las piedras que curan (LibrosLibres).

La voz de Dios sobre la naturaleza.
- "El Libro de las piedras que curan", ¿podríamos decir que es un resumen de creencias medievales?
- En absoluto. Los remedios populares de la Edad Media, las recetas de brujas, eran asquerosos, mientras que todo lo que dice Santa Hildegarda es inocuo, razonable y limpio. Si habla de plantas o animales, normalmente dice que hay que hervirlo.

- Saber médico medieval perdido en nuestros días.
- Tampoco. El saber médico de la Edad Media era árabe y judío, y no se parece a Santa Hildegarda ni de lejos. Los libros de piedras de aquella época, como el Lapidario de Alfonso X el Sabio, que es un compendio de lapidarios árabes, por ejemplo, o el del Obispo Marbordo, son radicalmente distintos en credibilidad, sistematización y si me permite la palabra, en "modernidad".

-¿Y el de Alberto Magno?
-No creo que fuera de verdad de San Alberto Magno; es un libro de hechizos y conjuros para cargarse a la gente, envenenar o provocar abortos.

- Entonces...
- Ella dice que la invadía una llama de Luz Indeficiente que la dictaba y que no la permitía poner nada de su cosecha.

lunes, 13 de agosto de 2012

Su hija iba a ser un vegetal y tenía que abortarla. El día del parto, nació perfectamente

Presiones médicas para deshacerse de un hijo enfermo
“Mi ginecólogo me pidió permiso para documentar mi caso, ya que dice que cada uno de mis embarazos es un
mundo”. Y así es. Los cuatro hijos de Manolo y Nuria han sido auténticos milagros.

El primero fue María, la mayor. En la segunda ecografía del embarazo descubrieron que tenía dos quistes en la cabeza. “El ecógrafo nos dijo que fuésemos con los resultados al ginecólogo. No dijo más. Ni una explicación de lo que suponía, ni las posibles consecuencias…nada. Yo me derrumbé y me puse a llorar, y me juré que esa era la primera y la última vez que lo hacía”, relata Nuria.

Desde el principio, con la vida
Lo primero que hizo su ginecóloga fue proponer una amniocentesis, pero ellos se negaron: “Desde el primer momento le dijimos que, pasase lo que pasase, íbamos a seguir adelante con el embarazo”. A partir de ahí, cada semana le hacían una ecografía y los quistes no desaparecían.

“Mucha gente nos animó a abortar, nos decían que éramos muy jóvenes y que había mucho tiempo por delante”, explica Nuria. Pero para ella la decisión estaba tomada y, en buena parte, gracias a su trabajo en la ONCE con niños con plurideficiencia.

 “Al entrar cada mañana en el cole, veía a aquellos niños que eran como los médicos pronosticaban que iba a ser mi bebé y no podía dejar de pensar: ‘¿a cuál de ellos mato?, ¿cuál me sobra?’. La respuesta fue siempre que todos eran importantes, por lo que ¿cómo no lo iba a ser también mi bebé?”.

Los quistes no eran un sueño
Mientras tanto, el embarazo siguió adelante y los quistes seguían estando ahí, no eran un mal sueño, y llevaban tanto tiempo que el cerebro de María no había podido crecer y tenía "daños graves e irreversibles". Le dijeron poco menos que su hija sería un vegetal. Pero llegó el día del
parto y... “contra todo pronóstico, la niña estaba bien.

Le hicieron pruebas, le hicieron un seguimiento completo
durante los primeros meses… y María estaba bien. Los médicos no se lo explican, no saben qué pasó… Yo sí, yo sé que es un milagro, y ver cada día a María me recuerda que Dios está siempre detrás de cada uno de nosotros, que nos ama profundamente y permite que las cosas sucedan en un momento concreto de nuestras vidas. Pero también sé que si María hubiese nacido con malformaciones, Dios me habría dado fuerzas para asumir esa situación, sé que me habría
cuidado como siempre lo ha hecho”.


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