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jueves, 9 de agosto de 2012

De budista a Seminarista

“Juan es un joven valenciano que a sus 26 años acaba de entrar en un seminario español. Pero su itinerario ha sido muy especial. Siendo de familia católica no practicante, a los 8 años, un lama tibetano llegó a su casa, convencido de que el chico era la reencarnación de un antiguo maestro budista. Tutores tibetanos le formaron y a los 15 años, ya lo nombraron lama. Su encuentro con Cristo llegó de una forma completamente asombrosa. Este es su testimonio, tal como contó en una entrevista…”


De lama reencarnado a seminarista: testimonio de un budista español 
Nací en una familia católica pero no practicante. A los 5 años me apuntaron a hacer artes marciales. Cuanto tenía 7 años, sin saber nada del budismo, me sentaba y meditaba al estilo budista, por las noches, sin que me viesen mis padres. Me salía como una cosa muy natural. Una noche hice ruido. Mi madre se percató y me vio sentado en la postura del loto. Yo estaba recitando una oración, el sutra del corazón. Mi madre se asustó; ¡incluso pensaron en llevarme a un psicólogo!
Cuando yo tenía 8 años llegó a casa un lama tibetano. Nos dijo que había tenido unos sueños o visiones y que pensaba que quizá yo era la reencarnación de un lama tibetano. Mis padres no sabían casi nada del budismo, sólo conocían algo que habían leído en los libros de Lobsang Rampa. Sabían que era una religión limpia, no una religión oscura. El lama les inspiró confianza y decidieron darme una formación paralela. 
Por las mañanas yo iba al colegio como un niño normal, a los salesianos. Por las tardes, tenía clase con dos tutores budistas tibetanos que vinieron a España, de la tradición Nygma-Pa. Completaba mi formación con artes marciales. Mi educación estaba orientada clarísimamente a ser lama, es decir, maestro, y no un simple monje. Incluía meditación y enseñanzas budistas. He de precisar que mi maestro de artes marciales no era budista, sino sacerdote taoísta. Para mí fue como un tutor, un segundo padre (después de mis padres, claro). Con él practicaba tai-chi, kung-fu, aikido. Me enseñó un taoísmo filosófico, pero no como religión, porque mi religión era la budista.
Durante todo esto, mis padres sólo pidieron discrecion. Mi caso fue por eso muy diferente al de Osel Torres, el niño-lama de Granada que salía en todos los medios de comunicación. Nadie en mi colegio conocía mi formación budista.
Lama a los 15 años