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miércoles, 20 de noviembre de 2013

Era baptista... y vigilante en un museo de arte católico: allí saltó la chispa de su conversión

En una de las entradas de su blog, Catholic Gentleman [Caballero Católico], Sam Guzman ofrece algunos buenos consejos para la simplicidad en la devoción.

Cuenta que, cuando se convirtió al catolicismo, se sintió "desbordado" por la cantidad de devociones que practicaban los católicos: las cinco llagas, el escapulario, la coronilla de la Divina Misericordia, la Santa Faz, el Oficio de la Virgen María, el rosario, el Sagrado Corazón, los siete dolores de la Virgen...

"Este tesoro de devociones es una de las cosas más hermosas del catolicismo. Como celoso converso, comencé a cargarme a mí mismo con tantas devociones como fuera posible: a más devociones, más gracias, ¿no? Pero en vez de crecer en santidad, me encontré frustrado y quemado", confiesa.

Mejor poco y bueno...

Al final comprendió que la sobrecarga es contraproducente, porque "la naturaleza humana se distrae con facilidad y podemos fácilmente convertir en mecánica nuestra vida de oración. Si hacemos demasiadas cosas, nos centramos más en el procedimiento de la práctica de la devoción que en el objeto de la devoción, que es la intimidad con Dios y la unión con Él", explica con buen criterio: "Nos sentimos santos porque hacemos cosas, pero hacer cosas no sustituye al verdadero amor de Dios".

Por eso decidió practicar menos devociones, pero practicarlas mejor, recordando que, por ejemplo, algunos padres del desierto sólo rezaban uno o dos salmos  (como el "Oh, Dios ven a librarme, / Yahveh, corre en mi ayuda", Sal 70, 2) o alguna invocación simple ("Señor Jesús, ten piedad de mí, porque soy un pecador") en toda su vida.

Tres buenos consejos

Así que Guzman, aunque convertido hace sólo año y medio, da tres buenos consejos que a él le han ido bien.

1. Elige una devoción que te funcione. "Experimenta, prueba, Nuestro Señor te guiará hacia la que más te convenga. Practica la que más te ayude".

2. Persevera. "La devoción que hayas elegido, practícala con disciplina militar. Nunca la abandones por ninguna razón. La perseverancia es la única forma de que las devociones rindan fruto en tu vida".

3. Hazla bien. "En cualquier devoción que practiques, intenta rezar sinceramente y desde el corazón. Nunca lo hagas mecánicamente ni te distraigas. A todos nos cuesta luchar con las distracciones y con la desidia, pero no podemos rendirnos en esa lucha".

"Y recuerda, todas las devociones son medios hacia un fin, la devoción y el amor. Si una devoción te aleja de él en vez de acercarte, intenta otra", resume.

Baptista anticatólico