En una de las entradas de su blog, Catholic Gentleman [Caballero Católico], Sam Guzman ofrece algunos buenos consejos para la simplicidad en la devoción.
Cuenta que, cuando se convirtió al catolicismo, se sintió "desbordado" por la cantidad de devociones que practicaban los católicos:
las cinco llagas, el escapulario, la coronilla de la Divina
Misericordia, la Santa Faz, el Oficio de la Virgen María, el rosario, el
Sagrado Corazón, los siete dolores de la Virgen...
"Este tesoro de devociones es una de las cosas más hermosas del catolicismo.
Como celoso converso, comencé a cargarme a mí mismo con tantas
devociones como fuera posible: a más devociones, más gracias, ¿no? Pero
en vez de crecer en santidad, me encontré frustrado y quemado",
confiesa.
Mejor poco y bueno...
Al final comprendió que la sobrecarga es contraproducente, porque "la
naturaleza humana se distrae con facilidad y podemos fácilmente
convertir en mecánica nuestra vida de oración. Si hacemos demasiadas
cosas, nos centramos más en el procedimiento de la práctica de la devoción que en el objeto de la devoción,
que es la intimidad con Dios y la unión con Él", explica con buen
criterio: "Nos sentimos santos porque hacemos cosas, pero hacer cosas no
sustituye al verdadero amor de Dios".
Por eso decidió practicar menos devociones, pero practicarlas mejor, recordando que, por ejemplo, algunos padres del desierto sólo
rezaban uno o dos salmos (como el "Oh, Dios ven a librarme, / Yahveh,
corre en mi ayuda", Sal 70, 2) o alguna invocación simple ("Señor Jesús,
ten piedad de mí, porque soy un pecador") en toda su vida.
Tres buenos consejos
Así que Guzman, aunque convertido hace sólo año y medio, da tres buenos consejos que a él le han ido bien.
1. Elige una devoción que te funcione. "Experimenta, prueba, Nuestro Señor te guiará hacia la que más te convenga. Practica la que más te ayude".
2. Persevera. "La
devoción que hayas elegido, practícala con disciplina militar. Nunca la
abandones por ninguna razón. La perseverancia es la única forma de que
las devociones rindan fruto en tu vida".
3. Hazla bien. "En
cualquier devoción que practiques, intenta rezar sinceramente y desde
el corazón. Nunca lo hagas mecánicamente ni te distraigas. A todos nos
cuesta luchar con las distracciones y con la desidia, pero no podemos
rendirnos en esa lucha".
"Y recuerda, todas las devociones son medios hacia un fin, la devoción y el amor. Si una devoción te aleja de él en vez de acercarte, intenta otra", resume.
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miércoles, 20 de noviembre de 2013
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