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miércoles, 9 de octubre de 2013

Ana era una adivina que usaba el tarot; cuando quiso dejarlo, una voz maligna le habló de noche...

Ana Márquez es una católica española, licenciada en filosofía, que quedó fascinada por el mundo del tarot y la advinación. Ella misma cuenta cómo le atraía, primero, conseguir "respuestas rápidas"; después, "meditar" y quizá acceder a unos "guías" con conocimiento oculto. Una vez adentrada en ese mundo, aunque veía sus daños, le costaba dejarlo. Y una fuerza oscura tiraba de ella. Lo cuenta con sus palabras en un testimonio que ha hecho llegar a ReL a través del sacerdote Enrique Cases.

La primera vez: una bruja asustada
»Recuerdo mi primer contacto con las cartas del Tarot. Era muy joven, casi una niña y me iba a casar. La “bruja” que me había “leído” la baraja española – una vecina -, se negó a “leerme” el Tarot.

»– El Tarot me da miedo – decía.

»Durante largos años olvidé que existía el Tarot, pero me quedó el recuerdo de que era un sistema de adivinación que pertenecía al “demonio”. Y por eso daba miedo. Sin embargo, creía en mi ignorancia, que la “baraja española” podía ser usada sin peligro.

El deseo de respuestas rápidas
»Todos queremos respuestas rápidas, aquí y ahora, una solución universal a todas y cada una de las dificultades que nos agobian. Así que, olvidada mi primera idea – que el Tarot era diabólico – acudí, “bien aconsejada”, a una “bruja” especialista en este lenguaje.



»La sesión fue curiosa, no me ayudó en lo más mínimo, salí con la cabeza llena de insensateces y el bolsillo vacío. Pero me había fijado en las láminas, había perdido el miedo y me atraían con una seducción que no era de este mundo.

»Miraba la carta de la muerte, del diablo, del amor…. Esas cartas…. ¡esas láminas eran mágicas y hablaban solas! Seductor y atrayente. Estaba orgullosa de mí misma, por haber perdido el miedo. No entendía que lo que había perdido, en realidad, era la razón y el sano temor de Dios.

Las primeras tiradas: dotada para ello
»Creía que las láminas expresaban el mismísimo lenguaje de los ángeles, que los “guías” acudían a desvelar arcanos, a resolver problemas, a “ayudarnos” con su sabiduría. Mi personalidad, imaginativa por naturaleza, no tardó en verse involucrada en el lenguaje de las láminas. Intenté “hacer tiradas yo misma” y no tardé en darme cuenta de que era una “dotada”.

»Sin embargo, sentía un freno interno hacia la práctica de la adivinación, en raras ocasiones la practicaba, sólo como juego entre amigos.

»El raciocinio me decía: "¿cómo puedes atribuir ningún poder a una imagen? Estás, decididamente loca". Y así cerré el capítulo, expulsé de mi casa todo tipo de barajas y quedé en paz.



"No adivinamos, sólo meditamos"
»Años más tarde fui a parar a una “escuela” donde enseñaban “tarot meditativo”.

... Aquí nadie “adivina” nada, sólo “meditamos con las imágenes de perfección que los “guías espirituales” han vitalizado para instrucción de la humanidad”...

... “un preso que se encontrase solo en una isla desierta, si tuviese una baraja de tarot podría conocer toda la ciencia”...

... “todas las soluciones a todos los problemas están en las claves del Tarot”...

»Esos eran los mensajes que como buena adepta de la New Age tragué sin pensar.

»Le llamaban el “Sagrado Tarot”, que unido a la “Santa Kabbalah” te llevará poco a poco a ser “más que humano”, “conocer los secretos de la vida y la muerte” e incluso “más allá”. Era la pretensión por antonomasia del mundo de los ocultistas.

De todo, menos adivinar
»Mi percepción de las imágenes había cambiado. Ya no eran las terribles expresiones que daban miedo sino que las contemplaba, dormía con ellas, las visualizaba, les hacía preguntas… todo menos “adivinar”. Eso era tabú. Por consejo de mi “instructor” tenía que “hacer el amor con las claves”, es decir, dejarme llevar por el simbolismo y anotar a cada momento que me decían.

»Dentro de mí vive una artista soñadora… la pretensión de la Magia es una tentación frecuente en este mundo confuso. Pretendía cambiar mi realidad práctica meditando con estas láminas. Evidentemente, el principio de realidad había huido de mí y el sentido común también. Es una fase muy conocida dentro de los adeptos a las sectas.

»El mensaje “Ud. puede cambiar su realidad sólo contemplando las claves y trabajando con ellas” cae de lleno bajo lo que conocemos como Ocultismo práctico. Y las “escuelas” que imparten estas supuestas enseñanzas no lo niegan.

Permiso de adivinar "para ayudar"
»Pero un día todo cambió. El gurú de la “escuela” expresó que los “altos adeptos” -que éramos nosotros- podíamos usar el “ad-divinum” – la adivinación - bajo ciertas condiciones, siempre para ayuda del prójimo y sin interés crematístico.

»Así que, ya lanzada y sin precaución, empecé a trabajar a fondo con las imágenes. Ya no me daban miedo. Eran mis “amigas” partes de mi “consciencia”, expresiones de “mi ser profundo”… ¡Estas maravillosas láminas me darían la solución universal que buscaba!

El poder de la Biblia, el retorno a Dios

miércoles, 9 de enero de 2013

Los amarres de brujas pedidos por su madre la dejan tetrapléjica... un exorcista la salva del abismo

Guadalupe es española y vive en una ciudad de tamaño mediano del sur de la península. Lleva sufriendo en soledad desde hace muchos años. Le pasan fenómenos extraños que hasta hace poco no sabía de dónde venían.

En este testimonio que ReL reproduce a sus lectores, explica las terribles consecuencias de las magias de brujas, quiromantes y pitonisas:

Una infancia feliz
«Yo era una niña obediente, bondadosa y feliz, a pesar de que mi familia nunca fue una familia típica. No me criaron mis padres porque estaban muy ocupados trabajando, mi infancia la pasé con mi abuela y mi tía abuela. Fueron dos madres para mí. En especial mi tita.

»Cuando me preguntaban que qué quería ser yo de mayor mi respuesta era contundente: “Yo cantante y guitarrista”. Pero mi madre siempre me estaba diciendo: “Ella Enfermera”. Mi madre era la mayor de 3 hermanas y como no pudo estudiar más, se quedó en Auxiliar de enfermería (35 años en un Hospital de la ciudad) sus otras 2 hermanas sí que pudieron hacer la carrera y fueron enfermeras diplomadas.

Distanciada de la Iglesia
»Yo hice vida muy cristiana, recibí todos los Sacramentos hasta la Confirmación y canté 10 años en el coro de la Parroquia. A partir de los 17 años, empecé a salir por ahí y poco a poco me fui distanciando (como la mayoría de mis amigos)…

»Por aquélla época empecé a tener problemas de salud que ningún médico encontraba, así que terminé en varios psiquiatras y psicólogos que me medicaron hasta la saciedad pero tampoco comprendían de dónde venía aquello.

»Pasaron los años y mis fobias fueron en aumento, por temporadas pasaba meses encerrada en mi casa teniendo miedo a todo, a la calle, a los coches, a los espacios abiertos… Medicación y más medicación. A temporadas iba un poco mejor y otras peor…

A Madrid a estudiar enfermería
»A los 23 años muy presionada por mi familia, acabé yéndome a la capital del país a estudiar enfermería, era insoportable ya el soportar aquello y les dije: Estudio lo que queráis pero, por favor, no me lo volváis a repetir más veces (no me dejaban ni comer tranquila)…

»Y me fui a la Universidad y allí me enamoré perdidamente de un chico de mi ciudad que también estaba allí estudiando… Y fuimos super felices, yo nunca me había enamorado de esa manera y era recíproco, éramos él y yo y el resto del planeta no existía. Él es pintor, fotógrafo y diseñador gráfico, con aspecto de artista bohemio. Pero eso no era lo que mi madre quería para mí, ella estaba obsesionada con que yo me tenía que casar con algún médico que conociera en el Hospital donde trabajase…

Asuntos paranormales
»Pasamos 2 años super felices a pesar de que nos iban ocurriendo cosas del todo paranormales a las que nunca encontramos explicación posible. Un día nos reunimos varios amigos en casa de una amiga mía, hicimos una fiesta y nos quedamos a dormir y cuando nos despertamos, nuestra ropa apareció mojada, completamente chorreando algo que tenía un olor como a azufre o algo parecido muy apestoso. Pensamos que se trataba de una broma pero los demás nos juraron que ellos no nos habían hechado nada. Además estábamos cerrados con pasador y era imposible que alguien hubiese entrado.

Situaciones extrañas