En la historia del cine hay películas que han
tomado el tema de los exorcismos y han sido exitosas. Nombres como El
exorcista, El exorcismo de Emily Rose o El exorcismo de Dorothy Mill,
son ya sobradamente conocidos (al final pongo los tráilers –cortos– de
cada una de ellas).
Las dos primeras tomaban pie de historias reales de posesiones, si bien luego adaptaban el guión a la parafernalia propia del cine y sus efectos especiales.
Cuando vivía en España tuve ocasión de conocer el caso de Martha, una joven española poseída. Cuando un sábado visité la parroquia del padre Fortea (un exorcista español), en Alcalá de Henares, supe que a las 9 de la mañana llegaría esta joven para el ritual semanal. Vi el lugar del exorcismo pero no me quedé.
Hace poco me encontré con el video que pongo a continuación (fue grabado sin permiso del sacerdote). Se trata de una de las sesiones a las que esta joven, Martha, es sometida. Pongo el video y después vale mucho la pena leer la experiencia de un periodista que presenció, en otro momento, una sesión de exorcismo a esta misma joven.
Las dos primeras tomaban pie de historias reales de posesiones, si bien luego adaptaban el guión a la parafernalia propia del cine y sus efectos especiales.
Cuando vivía en España tuve ocasión de conocer el caso de Martha, una joven española poseída. Cuando un sábado visité la parroquia del padre Fortea (un exorcista español), en Alcalá de Henares, supe que a las 9 de la mañana llegaría esta joven para el ritual semanal. Vi el lugar del exorcismo pero no me quedé.
Hace poco me encontré con el video que pongo a continuación (fue grabado sin permiso del sacerdote). Se trata de una de las sesiones a las que esta joven, Martha, es sometida. Pongo el video y después vale mucho la pena leer la experiencia de un periodista que presenció, en otro momento, una sesión de exorcismo a esta misma joven.
El
30 de septiembre de 2002 el diario digital Hispanidad.com (decano de la
prensa digital en lengua española) publicaba la crónica de un
exorcismo. El cronista era el periodista Luis Losada Pescador y en esa
sesión estuvo presente también el periodista Javier Paredes.
Esta es la crónica.
Regreso de una de las sesiones de exorcismo realizadas por el padre Fortea. Escribo impresionado. Los gritos de Zabulón, y los rezos del sacerdote y de la madre de la poseída, todavía martillean mi conciencia. Creo en el “No prevalecerán”, pero tengo miedo. Si pudiera dar marcha atrás, lo haría, sin ninguna duda, y no hubiera acudido a esa sesión.
Mi alma se encuentra inquieta tras el brutal encuentro con el demonio. Pero tengo que escribir lo que he visto, porque Dios ha permitido que el demonio Zabulón se apodere del cuerpo de Marta (nombre supuesto de la poseída) “para que se conciencien” de la existencia del demonio.
Esa es una de las respuestas que Zabulón dio al exorcista cuando le preguntó por qué no salía de ese cuerpo. Por eso, María (nombre igualmente supuesto), la madre de Marta, me pidió, al despedirnos, que se lo contáramos a todo el mundo, para que, cuanto antes, se produzca la liberación de su hija.
-“Padre, ¿podemos contar algo de lo que hemos visto?”
- “Podéis contar lo que queráis. Las obras de la luz no tienen miedo de la luz, las obras de las tinieblas buscan las tinieblas”.
Sin duda, algún sentido debe tener mi presencia en ese exorcismo, que, con el paso del tiempo, acabaré descubriendo. Entretanto, sólo puedo manifestar motivaciones a ras de suelo. La inquietud periodística, la curiosidad malsana y sin duda la ingenuidad y la inconsciencia me hicieron aceptar la oferta de mi amigo y compañero de Radio Intereconomía, Javier Paredes, para acompañarle a una sesión de exorcismo. Sin preparación psicológica, agarro el coche rumbo a la parroquia madrileña donde el P. Fortea celebrará la sesión decimoséptima del exorcismo de Marta.
Esta es la crónica.
Regreso de una de las sesiones de exorcismo realizadas por el padre Fortea. Escribo impresionado. Los gritos de Zabulón, y los rezos del sacerdote y de la madre de la poseída, todavía martillean mi conciencia. Creo en el “No prevalecerán”, pero tengo miedo. Si pudiera dar marcha atrás, lo haría, sin ninguna duda, y no hubiera acudido a esa sesión.
Mi alma se encuentra inquieta tras el brutal encuentro con el demonio. Pero tengo que escribir lo que he visto, porque Dios ha permitido que el demonio Zabulón se apodere del cuerpo de Marta (nombre supuesto de la poseída) “para que se conciencien” de la existencia del demonio.
Esa es una de las respuestas que Zabulón dio al exorcista cuando le preguntó por qué no salía de ese cuerpo. Por eso, María (nombre igualmente supuesto), la madre de Marta, me pidió, al despedirnos, que se lo contáramos a todo el mundo, para que, cuanto antes, se produzca la liberación de su hija.
-“Padre, ¿podemos contar algo de lo que hemos visto?”
- “Podéis contar lo que queráis. Las obras de la luz no tienen miedo de la luz, las obras de las tinieblas buscan las tinieblas”.
Sin duda, algún sentido debe tener mi presencia en ese exorcismo, que, con el paso del tiempo, acabaré descubriendo. Entretanto, sólo puedo manifestar motivaciones a ras de suelo. La inquietud periodística, la curiosidad malsana y sin duda la ingenuidad y la inconsciencia me hicieron aceptar la oferta de mi amigo y compañero de Radio Intereconomía, Javier Paredes, para acompañarle a una sesión de exorcismo. Sin preparación psicológica, agarro el coche rumbo a la parroquia madrileña donde el P. Fortea celebrará la sesión decimoséptima del exorcismo de Marta.
