Y por si no fuese suficientemente aleccionadora la lectura del día, del Libro de los Macabeos, en la cual los líderes de Israel, en vez de ser fieles a Dios y sus leyes, prefieren ir a pactar con el poderoso pero impío rey pagano, el Papa Francisco recomendó una novela apocalíptica, de ciencia ficción y teología, escrita en 1907 por un anglicano converso al catolicismo, R. H. Benson: "Señor del Mundo", también llamada "El Amo del Mundo".
En ella, el Anticristo es un líder político elegante, moderado, que habla de paz y de unidad, que seduce... pero que persigue y acosa a la Iglesia.
"Señor del Mundo" está en la misma tradición que su predecesora "El relato del Anticristo" (de Vladimir Soloviev, escrito en 1900, citado varias veces por Benedicto XVI, gratis aquí) o la novela más moderna "El Padre Elías" (que lleva ya 8 ediciones en España y puede adquirirse aquí).
La tentación de ser como los demás
El Papa Francisco partía del texto bíblico de los Macabeos: buena parte del pueblo de Dios se siente atraído por la cultura griega, y eso incluye aceptar el paganismo y el abandono de la fidelidad a Dios. El Papa se pregunta por la “raíz perversa” de esta infidelidad: el querer ser como los demás.
Van a “negociar” – señala el Papa Francisco – y se sienten entusiastas por esto. "Es como si dijeran ´somos progresistas, vamos con el progreso, donde va toda la gente´."
Para el Papa, eso es el “espíritu del progresismo adolescente” que “cree que ir adelante en cualquier elección, es mejor que permanecer en las costumbres de la fidelidad”.
Son personas que buscan renunciar ante el rey pagano a “la fidelidad al Dios siempre fiel”. “Esto se llama apostasía”, “adulterio”, señala el Papa. “Negocian precisamente lo esencial de su ser: la fidelidad al Señor”, denuncia el Pontífice.
“¡Negociamos la fidelidad! Y esto es precisamente el fruto del demonio, del príncipe de este mundo, que nos lleva adelante con el espíritu de la mundanidad", señala Francisco, un Papa que se siente muy cómodo hablando del demonio y sus engaños, al cual menciona con frecuencia.
Ceder ante el poder, antesala de la persecución
