Una primera experiencia conmovedora
«Es imposible contar todas las experiencias y pruebas que me llevaron a abandonar la fe de mis padres, pero déjenme relatar algunos ejemplos», enumera Thomas. Un día, mientras estaban recorriendo un barrio pobre de Alabama, Thomas y su compañero llamaron a la puerta de una pobre choza. Les recibió una anciana afroamericana de ojos brillantes. Le dijeron que tenían un mensaje acerca de Jesús que les gustaría compartir, y ella les recibió en su humilde hogar, «como alguien que ama a Cristo». La práctica de los mormones es comenzar con una oración a la que invitan a unirse a la persona. El 99% se unen al rezo, el 1% toma la iniciativa. Y así fue en este caso. Ella inclinó la cabeza en silencio y comenzó a rezar.
«Recuerdo claramente que, mientras le escuchaba rezar, pensaba que Dios estaría sentado a su lado en ese sofá desvencijado. No era sólo ´su´ Dios, sino también su mejor amigo, su compañero más querido que había vivido con ella una vida de sufrimiento y perjuicio. A medida que su oración íntima continuaba, aumentaba mi miedo porque sabía que, cuando la mujer terminase, tenía que hablarle sobre Jesús... Pero ella Le conocía de verdad, mientras que yo sólo ´sabía´ cosas sobre Él. Yo quería esa clase de intimidad que ella compartía con su Creador pero, para mí, Dios era alguien lejano y exigente». Esta simple experiencia no cuadraba con lo que le habían enseñado: «Había alguien que no era mormón que conocía a Dios de una manera que yo sólo podía imaginar. Se abrió para mí una puerta que me invitaba a realizar una revisión consciente y cuidadosa de mi fe».
«Si la verdad está en el mormonismo, aquí te serviré hasta mi muerte»