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lunes, 22 de julio de 2013

Es descendiente directo de Mahoma y se hace católico: «Tarde o temprano me van a matar»

Joseph Fadelle
Joseph Fadelle nació en Irak (1964), y su nombre era Mohammed al-Sayyid al-Moussawi. A pesar de ser el heredero -el favorito de su padre- de una familia aristócrata chiíta muy influyente de su país, y descendiente directa del Profeta, no pudo evitar tener que hacer el servicio militar al que el gobierno de Saddam Hussein obligaba a todos los jóvenes.

Serían sólo unos meses, hasta que su padre consiguiera hacer las gestiones para líberarlo de tal deber... No obstante, algo inesperado le hizo cambiar por completo su modo de pensar.

Vivir con un cristiano
Al llegar ahí, se encontró con que su compañero de habitación era ¡un cristiano! ¡Tenía que ser una equivocación! Para un buen musulmán, es impensable ni tan siquiera hablar con un seguidor de Cristo, y éste viviría con él los meses que se le venían por delante: "Si encontráis judíos o cristianos, no los saludáis -reza un texto autorizado que interpreta el Corán-; si tenéis que caminar con ellos, intentáis dejarle el peor camino".

Querer abrazar el catolicismo
Pero, ¿de verdad son tan malos los cristianos? La curiosidad le pudo y empezó a preguntarle cosas. Massoud -así se llamaba su compañero- sólo le dijo que
leyera con atención el Corán. Y lo hizo. Eso, un sueño que le empujó a desear con pasión la Comunión, y las conversaciones con su ya amigo le llevaron a querer abrazar el catolicismo. Poco después, Massoud se fue sin dejar rastro...

"Muchos años más tarde supe que había muerto en un accidente de coche al poco de terminar el servicio militar. ¡Qué cosas tiene la Providencia, a veces! Fue el instrumento que Dios dejó en mi camino para que me convirtiera y murió recién cumplida su misión", afirma.

-Algo por lo que usted ha tenido -y tiene- que pagar un precio; incluso que sus propios familiares le dispararan a boca-jarro...
-Sí, algunos hermanos y mi propio tío, al que tanto había ayudado yo, intercediendo por él ante mi padre.

-Le dejaron tirado...
-No sé quién fue, pero alguien me llevó al hospital y salvó mi vida. Si no hubiera sido por él... Aún no sé por qué no acabaron la "faena" matándome; no lo entiendo. Supongo que pensarían que lo habían logrado.

-Ya, pero ahí estaba la bala, metida en su cuerpo, y nadie quería sacársela...
-Al ser un disparo, tenían que llamar a la policía, y eso significaría, para mí -ilegal en Jordania- ser devuelto a Irak, donde me perseguía mi familia. Ahí sólo tenía
dos opciones: o volver a mi pasado en el Islam, o ser asesinado: se había promulgado una "fatwa" contra mí... Así que del hospital, unos amigos me llevaron a casa y, de repente, mientras veíamos qué podíamos hacer, empecé a desangrarme... pero Ia bala ya no estaba dentro.

-¿Un milagro?
-Yo no lo considero así. Mucho más milagroso me parece cuando el pan y el vino se convierten en Cuerpo y Sangre de Cristo, ¿No te parece? Lo que nos ocurre más allá de esto son cosas que nos pasan gracias a Dios.

-Sí, claro, pero es muy duro vivir como le ha tocado a usted...; no habrá muchas conversiones, digo yo.