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jueves, 25 de octubre de 2012

El P. Chinchachoma o cómo sacar de la droga y la delincuencia a miles de niños que viven en la calle

Ahora que acabamos estamos en plena celebración del DOMUND, vale la pena dar a conocer a un cura misionero español que ha dado su vida por los más necesitados de los necesitados: el escolapio Alejandro García Durán, más conocido en México como el ‘padre Chinchachoma’, el “padre” de los niños de la calle, fundador de más de una veintena orfanatos.

Un pastor que como Jesús ha convivido con sus ovejas descarriadas, comido con pecadores, vestido al harapiento, dedicado a visitar y redimir al encarcelado, dando de comer al hambriento, hospedando con pobreza pero con dignidad al desarraigado... Un sacerdote que se comprometió a transformar los rostros deformados, desilusionados, resentidos y de delincuentes de sus "hijos", en rostros dignos, en rostros de hijos de Dios. Un escolapio que saltó del colegio y la parroquia misionera a ser niño de la calle.

Un cambio total de vida
El P. Chinchachoma nació en Barcelona en 1935, con 18 años ingresó en la Orden de los padres Escolapios y, una vez ordenado, fue destinado a un colegio de Puebla, en el centro del país. Sin embargo algo ocurrió por el camino: “Un día llegué a México. Después de dar muchas vueltas, me encontré a unos chamacos en el metro que me gritaban ‘money, money’. Luego llegó un policía, tomó a uno del brazo y el niño empezó a gritar. Yo le dije al uniformado: ‘¡Oiga!, ¿qué le está haciendo?’ ‘No, si no le hago nada -me respondió-, me lo llevo así de la mano porque nada más se está drogando en el metro y chilla así para que lo suelte’. ‘Mire, sabe qué, déjelo -le dije entonces-, me lo llevo a cenar’. ‘Bueno, lléveselo’, me dijo, y entonces se vinieron cinco o seis más con él. En cuanto cenamos les dije: ‘Amigos, yo vengo el martes que viene para platicar’.