martes, 9 de octubre de 2012

¿Quiénes fueron Santa Hildegarda de Bingen y San Juan de Ávila?

Este domingo el Papa declarará doctores de la Iglesia a Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179) y a San Juan de Álvila (1500-1569), patrono de los sacerdotes españoles. Dos expertos españoles, profesores ambos en universidades pontificias, trazan un breve retrato de ambos personajes. (Pueden verse abajo los dos vídeos, 4.55 minutos en total).

Visionaria e influyente
Hildegarda de Bingen fue un gigante en su tiempo. Esta monja alemana cultivó prácticamente todas las artes: era música, escritora, herborista, lingüista y tuvo visiones místicas.

“Estas visiones, no eran visiones materiales. Eran experiencias que ella tenía en el interior de su alma", explica Alfredo Simón, del Pontificio Ateneo San Anselmo, la universidad de los benedictinos en Roma.

Cuando el entonces Papa Eugenio III leyó las transcripciones de las visiones de Hildegarda, le invitó a difundirlas para que todos las conocieran.

Ella las describía como una gran luz en la que se presentaban imágenes, formas y colores. Las visiones trataban sobre la Redención, sobre Dios, la humanidad, la Iglesia y la Creación. Representó una de ellas en este dibujo que recuerda a uno de Leonardo Da Vinci y que muestra la relación entre el hombre y el universo.

“Sitúa en su imagen, lo que ve, la creación del hombre en el centro del universo, de todo el mundo natural. Y es una imagen semejante a la de Leonardo da Vinci, pero muchos siglos antes, añade el padre Simón.

Un doctor de la Iglesia se caracteriza porque sus enseñanzas siguen siendo relevantes a pesar del paso del tiempo. Alfredo Simon dice que Santa Hildegarda reflejó el deseo natural de cada persona de acercarse a Dios. Una pasión que transmitió al mundo: “Ella predicó también por las ciudades, predicó al clero, predicó al pueblo y eso nunca se había oído en la Iglesia, para una mujer, ni para una monja, ni para una abadesa.”

En esos años, Santa Hildegarda de Bingen fue consejera espiritual de santos y reyes. Descubrió el poder curativo de algunas plantas, y cultivaba un pequeño jardín en el monasterio: “Santa Hildegarda escribió obras de filosofía y espiritualidad. También escribió obras de teatro, de música, e incluso obras de medicina y ciencias naturales

Murió a los 81 años, en 1179. Gracias a su proclamación como doctora de la Iglesia, sus enseñanzas seguirán siendo un punto de referencia para los católicos de todos los tiempos.

Formador de sacerdotes: el espíritu de Trento
San Juan de Ávila colaboró en la aplicación del Concilio de Trento en España; al escucharle predicar, San Juan de Dios se convirtió al catolicismo; y es el patrón de los sacerdotes españoles.

Nació en Ciudad Real, España, en el año 1500. Renunció a la herencia de sus padres y a los 26 años fue ordenado sacerdote. Quiso trabajar en la evangelización de América pero el arzobispo de Sevilla le pidió que se quedara en el país. Allí comenzó a destacar porque era un gran predicador. Aunque por esto sufrió falsas acusaciones.

“Como era un hombre que convertía a la gente, las conversiones producen a veces la ruina de algún negocio. Le acusaron falsamente a la Inquisición, estuvo procesado prácticamente dos años. Sobre todo, un año en la cárcel, con peligro de que le condenaran a muerte”, explica Juan Esqueda Bifet, catedrático emérito de la Pontificia Universidad Urbaniana, que forma parte de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos.

Se le recuerda como un buen director espiritual de gente de toda clase y condición. Muchos sacerdotes se reunían con él para mejorar su formación y pedirle consejo. También influyó en la vida de muchos santos de su época: "Tuvo relación con San Ignacio de Loyola. Por ejemplo, con San Juan de Ribera, que era su discípulo, o bien con Santa Teresa. Ella le envió su biografía. Nadie quería aprobarla y San Juan de Ávila la aprobó diciendo que era de Dios todo aquello que sentía”.

En España impulsó colegios y universidades. Vivió la apertura del Concilio de Trento en 1545 y dedicó muchos años a trabajar en la aplicación del Concilio: "Se dedicó mucho a formar sacerdotes, que es lo que pidió el Concilio de Trento, que hubiera seminarios. Él fundó algunos seminarios como el de Córdoba y la Universidad de Valencia que también era además de para laicos para clérigos”, añade Esqueda.

San Juan de Ávila murió en Córdoba en 1569, tras diez años de enfermedad que dedicó a seguir enseñando por medio de cartas. Más tarde, sus escritos influyeron en San Francisco de Sales, el Santo Cura de Ars o San Alfonso María de Ligorio. Pío XII reconoció todo su trabajó nombrándolo en 1946 patrón de los sacerdotes españoles.


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