miércoles, 19 de septiembre de 2012

Papamóvil: cuatro toneladas de protección "divina"

Algunos secretos del “auto del Papa”. Habla Giovanni Amici, director de los Servicios Generales de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano

Con sus cuatro toneladas de peso y su reluciente color blanco, el papamóvil ha jugado un roll clave en la seguridad del pontífice. También se ha convertido en un ícono del peregrinaje por el mundo tanto de Juan Pablo II como de Benedicto XVI. En Líbano, apenas unos días atrás, el vehículo contribuyó nuevamente a proteger a su ilustre pasajero.
 
Son dos los papamóviles actualmente en funcionamiento. Fueron diseñados por la casa alemana Mercedes Benz hace poco más de 10 años. En entrevista con el Vatican Insider Giovanni Amici, director de los Servicios Generales de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, reveló algunos de los secretos de estos peculiares automóviles.

¿Cómo se llega al papamóvil actual?

 
El actual papamóvil ha sido diseñado por la necesidad de salvaguardar a la persona del Santo Padre. Todavía conservamos aquí el vehículo histórico, el jeep sobre el cual se cometió el atentado de 1981 (contra Juan Pablo II). El Papa amaba el contacto con la gente, por eso se movía en máquinas pequeñas. Desde el atentado las cosas cambiaron. Surgió la exigencia de tutelar su persona y así comenzó la historia del papamóvil como lo conocemos hoy. Se buscó un vehículo que pudiese soportar un blindaje, primero a nivel artesanal y luego cada vez más complejo, para llegar a los actuales máquinas que sirven en los viajes apostólicos no sólo al extranjero sino también en Italia.
 
Es mi impresión, pero si el Papa podría no tener el vidrio estaría muy contento, porque ama el contacto con las personas. Desde este punto de vista representa un “obstáculo”, necesario para salvaguardar su incolumidad pero una barrera al fin.
 
¿Cuáles son las características técnicas de seguridad del papamóvil?


Primero la cobertura con cristales que permiten colocar un obstáculo a la persona del Papa, en el caso en el cual pudiese sufrir agresiones. El actual papamóvil permite una perfecta visibilidad del pontífice, aunque se tiene un notable grado de protección, garantiza una seguridad total. Al interior puede contener, además del Santo Padre, otras dos personas que normalmente viajan en posición contrapuesta con respecto al Papa.
 
Está pensado para recorrer espacios cercanos a las multitudes y, por lo tanto, sus velocidades son siempre muy contenidas. No es un auto normal en un tráfico ordinario, cuando se utiliza siempre va con escolta anterior, posterior y muchas veces a los lados.
 
¿Cómo se traslada el papamóvil? ¿Quién lo maneja?
 
Es transportado en todos los modos posibles para hacerlo llegar a donde debe ir, ya sea por aire, mar o tierra. No es un auto normal, sólo al verlo uno se da cuenta que requiere una especialización en el manejo. Cuando va al extranjero es tomado en consigna por el país anfitrión, que se encarga del chofer y todo lo demás. Hay que tener presente que quienes suelen conducir los vehículos del Papa son personas que, en el propio país, manejan automóviles de características similares.
 
¿Existen algunas propuestas para actualizar el papamóvil vigente?

Creo que habrá pronto una actualización, no estamos seguros de los tiempos pero se debería actualizar el modelo que debería ser el mismo, pero tendría alguna adecuación conforme a los vehículos modernos.

 
¿Está muy lejos el tiempo de un papamóvil “ecológico”?
 
La Santa Sede estaría gustosa de tener un vehículo más ecológico, pero quedan algunas características de funcionamiento que deben ser conciliadas con las cualidades estructurales del papamóvil, que tiene un peso importante y está blindado. Por lo tanto no todo es conciliable con las nuevas formas de alimentación, como el hibrido y el eléctrico. Los autos completamente eléctricos hoy son producidos por muchas casas automovilísticas pero cuentan con limitaciones sea de recorrido, como de prestación. Cuando estos temas serán afinados seguramente estarán maduros los tiempos para una evolución.  

 Andrés Beltramo Álvarez Ciudad del Vaticano
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