jueves, 13 de octubre de 2011

¿Porqué Cristo nos atrae? San Agustín responde

San Agustín, obispo, Padre y Doctor de la Iglesia
Porqué el hombre se siente atraído por la figura de Jesús? porqué el nombre de Jesús ha estado en la boca de todos los hombres desde que él se dio a conocer a los hombres? qué hace que Jesús sea tan atrayente para los hombres actualmente y en todos los siglos?


Creo que así se ha visto Jesús ha sido el acompañante de todas las épocas, de todos los sistemas sociales que pretenden crear un paraíso aca en la tierra; de todas las filosofías; de todos aquellos que aceptan o rechazan a Dios en sus vidas; Cristo a sido visto como Dios, profeta, hombre u por algunos una figura histórica admirable.


En el oficio de lecturas me encontré un texto de san Agustín que habla de esa sed del hombre por conocer mas, esa sed que tenemos que solo Jesús la puede saciar, y tal como le sucedió a la samaritana nos vemos impulsados a pedir beber de esa fuente que sacia nuestra alma con dulzuras tales que solo en el cielo podemos vivir plenamente.


Aca se los dejo para que disfrutemos de los escritos de este gran santo que Dios nos regaló, San Agustín.


<Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre. No vayas a creer que eres atraído contra tu voluntad; el alma es atraída también por el amor. Ni debemos temer el reproche que, en razón de estas palabras evangélicas de la Escritura, pudieran hacernos algunos hombres, los cuales, fijándose sólo en la materialidad de las palabras, están muy ajenos al verdadero sentido de las cosas divinas. En efecto, tal vez nos dirán: "¿Cómo puedo creer libremente si soy atraído?", Y yo les respondo: "Me parece poco decir que somos atraídos libremente; hay que decir que somos atraídos incluso con placer."

¿Qué significa ser atraídos con placer? Sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón. Existe un apetito en el alma al que este pan del cielo le sabe dulcísimo. Por otra parte, si el poeta pudo decir: "Cada cual va en pos de su apetito", no por necesidad, sino por placer, no por obligación, sino por gusto, ¿no podremos decir nosotros, con mayor razón, que el hombre se siente atraído por Cristo si sabemos que el deleite del hombre es la verdad, la justicia, la vida sin fin, y todo esto es Cristo?
¿Acaso tendrán los sentidos su deleite y dejará de tenerlos el alma? Si el alma no tuviera sus deleites, ¿cómo podría decirse: Los humanos se acogen a la sombra de tus alas; se nutren de lo sabroso de tu casa, les das a beber del torrente de tus delicias, porque en ti está la fuente viva, y tu luz nos hace ver la luz?


Preséntame un corazón amante, y comprenderá lo que digo. Preséntame un corazón inflamado en deseos, un corazón hambriento, un corazón que, sintiéndose solo y desterrado en este mundo, esté sediento y suspire por las fuentes de la patria eterna, preséntame un tal corazón, y asentirá en lo que digo. Si, por el contrario, hablo a un corazón frío, éste nada sabe, nada comprende de lo que estoy diciendo.


Muestra una rama verde a una oveja, y verás cómo atraes a la oveja; enséñale nueces a un niño, y verás cómo lo atraes también, y viene corriendo hacia el lugar a donde es atraído; es atraído por el amor, es atraído sin que se violente su cuerpo, es atraído por aquello que desea. Si, pues, estos objetos, que no son más que deleites y aficiones terrenas, atraen, por su simple contemplación, a los que tales cosas aman, porque es cierto que "cada cual es atraído por su deseo" ¿no va a atraernos Cristo revelado por el Padre? ¿Qué otra cosa desea nuestra alma con más vehemencia que la verdad? ¿De qué otra cosa el hombre está más hambriento? Y ¿para qué desea tener sano el paladar de la inteligencia sino para descubrir y juzgar lo que es verdadero, para comer y beber la sabiduría, la justicia, la verdad y la eternidad?


"Dichosos, por tanto -dice-, los que tienen hambre y sed de la justicia -entiende, aquí en la tierra-, porque -allí, en el cielo- ellos quedarán saciados. Les doy ya lo que aman, les doy ya lo que desean; después verán aquello en lo que creyeron aun sin haberlo visto; comerán y se saciarán de aquellos bienes de los que estuvieron hambrientos y sedientos. ¿Dónde? En la resurrección de los muertos, porque yo los resucitaré en el último día.">



CF. De los Tratados de San Agustín obispo sobre el Evangelio de Juan

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