viernes, 11 de enero de 2013

Éste es uno de los argumentos más convincentes jamás vistos contra el aborto

Se llaman Tatiana y Krista y son quizá una de las visiones más convincentes, una de las razones más reales, para apoyar la causa provida. Tienen seis años y viven en una pequeña ciudad de la Columbia Británica, en Canadá, junto con su familia: abuelos, primos, tíos y sus tres hermanos.

A los cinco meses de gestación, su madre, Felicia Simms, fue informada de las graves condiciones en las que podrían nacer sus hijas y, obviamente, le plantearon la posibilidad de abortar, que rechazó sin dudar.

«Monstruos que no deberían nacer»
Al estar unidas por el cráneo (en términos médicos, siameses craniópagos) y con el sistema nervioso interconectado, las posibilidades de supervivencia eran escasas, un 20 por ciento. Durante todo el embarazo recibió cartas anónimas en las que se le insultaba y despreciaba por haber decidido continuar adelante y dar a luz a «monstruos que no deberían nacer», entre otras cosas.

Retos y obstáculos
Pero Felicia, con 20 años, escogió la esperanza y luchó, a pesar de todo y contra todos. Y nacieron dos preciosas niñas a las 34 semanas de gestación. Unidas por la cabeza, sí, pero sanas y preciosas: con grandes ojos verdes, largas pestañas, tez sonrosada y cabellos dorados. Y comenzaron una vida llena de retos, de dificultad, de incomprensión y de obstáculos en el camino.

Sin posibilidad de ser separadas
En 2007 los médicos les confirmaron una terrible realidad. Krista y Tatiana no podrían ser jamás separadas porque comparten literalmente parte del cerebro, parte del sistema nervioso y, además, el corazón y los riñones de Tatiana trabajan por encima de lo normal para ayudar a Krista.

Es decir, que una operación podría dejar paralizada a una de ellas o incluso llegar a ser letal. Otra de las partes negativas es la falta, o al menos insuficiencia, de ayudas económicas para los problemas reales de cada día: problemas de espacio en la casa, problemas en la educación, necesidades médicas.

Un caso único en el mundo
A su favor, lo único y espectacular de su caso, un auténtico prodigio de interconexión mental que no se había conocido en otros casos similares.


Neurólogos de todo el mundo siguen atentamente el caso, que no conoce parangón y que admira a todos. Si una bebe, la otra lo siente. Si lloran y le ponen el chupete a una, también la otra se calma. Si pinchan a una para hacerle un análisis de sangre, su compañera llora.

Pero, al mismo tiempo, cada una tiene su propia personalidad y carácter, como explica su propia madre: «Krista es la divertida, es feliz todo el tiempo; Tatiana es más cariñosa», explica en este vídeo-entrevista concedido a www.vancouversun.com A Krista le gusta el ketchup y a Tatiana no. Krista es alérgica al maíz en lata; Tatiana, no. Y así con tantas otras cosas.

«Tienen derecho a estar aquí»
Y llegó este vídeo, provocador y desafiante frente a todos los que esgrimen la no-autosuficiencia física y la dependencia como un argumento a favor del aborto.

Frente a tantos que aseguran que la autonomía es sinónimo de dignidad. Asociaciones de todo el mundo han replicado el vídeo en internet, incluyendo aquellas de no creyentes, como Secular Pro Life. Su presidenta, Kelsey Hazzard, asegura que este vídeo es un modo con el que la familia ha querido proclamar ante el mundo que «estas dulces niñas dulces tienen el derecho a estar aquí, y siempre han tenido el derecho de estar aquí».

El objetivo de este vídeo es doble: se invita a los abortistas y a los indecisos a reconsiderar el problema de la vida cuando no existe la auto-suficiencia del cuerpo; y al mismo tiempo, se invita a los los pro vida a practicar sus creencias y visitar ProLifeCares.org, que explica cómo evitar que sus actos benéficos o donaciones acabe llegando a entidades conectadas de un modo u otro con el aborto.

«Esperemos que la gente comience a pensar antes de hablar. A pesar de toda la propaganda en contra, los pro vida se preocupan profundamente por el bienestar de todas las personas vulnerables, no sólo de los no nacidos», concluye Hazzard.


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