domingo, 4 de noviembre de 2012

Oliver Sachs: la conversión del banquero que lo tenía todo

Desde su juventud como estudiante brillante, Olivier Sachs era ateo convencido. Alcanzó el éxito en las finanzas en Nueva York, cargos de importancia en la banca en la City de Londres, en Zurich. Felizmente casado, con tres hijos preciosos, dinero de sobras, obras de arte... todo lo que la vida puede ofrecer.

Por insistencia de unos amigos, en 2004 se apuntó a un Curso Alpha en Londres: “¿por qué no probarlo? Soy un ateo convencido, me gusta el reto intelectual y tengo mucho tiempo. No me van a lavar el cerebro. De hecho, podría ser bastante divertido”. No podía imaginarse que apenas dos años escribiría en primera persona su testimonio de conversión en la revista Alpha News. Publicamos un extracto de ese testimonio.

Un joven genio de las finanzas
Nací y crecí en París. No me bautizaron ni me dieron una educación religiosa de niño. Mi padre es ateo y mi madre es católica.

A los 16 años me propusieron encontrarme con un grupo de gente de distintas religiones, para conocer sus creencias y decidirme sobre qué creer. Por ejemplo, el tío de mi madre era fuertemente católico, y había personas judías. Y leí libros sobre otras religiones.

Decidí que no creía que hubiese un Dios. Estudié ciencia y llegué a ser un ateo racionalista, convencido.

A los veinte años entré en la Escuela Politécnica con muy buenas notas, acabé mi carrera e hice tres años más de ingeniería civil y economía. Estaba convencido de ser lo mejor de lo mejor, la élite de la sociedad francesa, que el éxito era mérito mío y que era más inteligente que los demás. Era arrogante, egoísta y ambicioso.

En 1985, con 24 años, estaba en Nueva York cuando empezaban a abrirse los mercados financieros. Allí descubrí el mundo de las finanzas y los bancos. Y pensé: “Esto es lo que quiero. Quiero hacer dinero”.

Mi vida romántica seguía el ritmo del resto de mi vida: muy egoísta. De los 23 a 31 años tuve una novia a largo plazo, pero no estaba completamente comprometido. Yo tenía una carrera exitosa en Londres, era el típico chico de oro y amasaba cantidades absurdas de dinero.

Amor instantáneo
En 1991 el banco me invitó a volver a París, lo que era una promoción. Mi equipo allí supo que había roto con mi novia de siempre y se daban cuenta que estaba un poco perdido y triste. Me invitaron a una fiesta y allí conocí a Valerie. Fue amor instantáneo para los dos. Yo tenía 31 años, ella, 27.

Me declaré a Valerie en el día de San Valentín de 1993 y dijo “sí”. Su familia era católica y muy cristiana. Sabían que yo era ateo pero realmente me acogieron en su hogar. Había algo diferente en ellos.

Valerie tenía fe pero no iba a la iglesia con regularidad. Hablamos de nuestras creencias y dijo que quería casarse por la iglesia y bautizar nuestros hijos. Y yo no tenía objeción. Nos casamos en una gran boda en Francia en una iglesia católica el 29 de abríl de 1994. Vivíamos en Londres, me iba muy bien y aún me motivaba completamente el dinero.

A mi amigo Mark y a mí nos invitaron a ser profesores en una grande escuela de negocios de París, algo muy inusual para gente de nuestra edad. Iba a Francia cada fin de semana a dar conferencias. Y pensaba: ”No sólo soy un tío importante en la City en Londres, sino también profesor en esta famosa escuela de Francia”.

Después, el banco me invitó a ir a Suiza, a la oficina principal de Zurich, y allí estábamos en 1995. Estuvimos cinco años. Profesionalmente fue un gran éxito para mí, y allí nacieron nuestros tres hijos: Charlotte, 10 años, Valentine, 8, y Sebastien, 6.

Cautivado por la belleza
En Suiza empecé a interesarme por el arte y el coleccionismo. Compré mis primeras esculturas y pinturas. Como en todo lo que hacía, era bastante perfeccionista y quería aprender mucho del tema, y si estás interesado en los grandes maestros, tienes que aprender de sus temas religiosos.

Realmente me tocaron algunas obras de arte y la inspiración espiritual tras ellas, como la Pietá de Miguel Ángel. Había una fuerte sensación de que él había tenido una inspiración divina. Inconscientemente, aquello me tocó.

Volvimos a Londres en el 2000. Para entonces mi amigo Mark se había casado con Florence y enpezaron a hablarnos de su iglesia, Holy Trinity Brompton (HTB) y del Curso Alpha. Me preocupaba bastante que fuera una secta.

Yo había conseguido un estilo de vida bastante confortable, y la única razón para seguir trabajando era bastante futil: mantener mi fuerte ego en una cultura de triunfadores mostrando que podía ser aún más triunfador y continuar coleccionando obras de arte. Estaba más y más tentado a dejar de trabajar.

En este tiempo Mark se tomó una temporada sabática para intentar convencer a algunos obispos clave de la Iglesia católica en Francia de que usaran los Cursos Alpha. Y Alpha empezó su andadura en Francia.

En el 2001 Mark y Florence nos dijeron: ”En HTB están haciendo un Curso de Matrimonios. No es religioso”.

Y pensé: ”¿Por qué no ir? Tenemos un buen matrimonio, pero siempre puedes mejorarlo. Vamos.”

Había entre 30 y 50 parejas. Fue una oportunidad para descubrir que la gente en HTB era normal, más aún, geniales, amigables e inteligentes. Mark y Florence impartían Alpha en Francia, y nos contaban esas increíbles historias de pequeños milagros que pasaban en los cursos. Yo simplemente pensaba que se autoengañaban.

Dejé el banco en 2003. Pasé un año yendo a museos y subastas de arte. Pasaba mucho tiempo con mi familia y de vacaciones. Era genial.

“Me gusta el reto intelectual”
Y pensé: ”Bien, hacen el curso Alpha en HTB, ¿por qué no intentarlo? Soy un ateo convencido, me gusta el reto intelectual y tengo mucho tiempo. Conozco la gente de HTB, son inteligentes e interesantes. No me van a lavar el cerebro. De hecho, podría ser bastante divertido.” Hablé con Valerie y decidimos ir juntos.

Fuimos a Alpha Matutino (el curso diurno de Alpha) en enero de 2004. Pensé que la gente era muy agradable, pero aún me mantenía a la defensiva pensando: ”Esta gente se autoengaña, de una manera u otra”. Decidí que eran sinceros pero que se engañaban.

Encontré las charlas interesantes, me gustaba su aproximación sistemática y racional porque soy una persona muy racional. Siempre había estado convencido de que el cristianismo estaba equivocado, lleno de contradicciones, que no tenía sentido. ¡Y el comportamiento contradictorio de la Iglesia a lo largo de la historia!

Pensaba: ”No hay manera de reconciliar todo esto, así que no puede ser verdadero”. Pasaban las semanas, y seguía diciéndo a la gente: “Soy ateo, no me creo todo esto”, pero no agresivamente.

Hacía preguntas todo el rato, buscaba comprobaciones, lecturas y referencias cruzadas, dobles y triples. A lo largo del curso me di cuenta de que en el supuesto de que creas en Dios entonces había una lógica y todo el tema se hacía plausible. ¡Era un supuesto grande!

Un asunto que resultaba ser un gran problema para mí era lo del salto de fe. Simplemente no podía captar a qué se referían. ¿Cómo puedes decidir que vas a creer en algo? ¡O lo crees o no lo crees!

“Deseaba que algo me sucediese”
Fuimos al fin de semana Alpha a Chichester. Nos llevamos los niños y nos encantó. Tuvimos la sesión del Espíritu Santo el sábado por la tarde. Esperaba que hubiese rayos o algo así, veía muchas cosas sucediendo a la gente a mi alrededor, pero nada pasaba conmigo. “¿Es que se engañan o soy la única persona racional aquí?”, pensaba. Pero también sabía que deseaba que algo me sucediese.

Fui a Nicky Gumbel [el fundador de Alpha que impartía el curso] y le pedí que rezara por mí. Y me dirigió en una oración. Fui feliz de decir la oración y pienso que fue genuina. La oración era básicamente: ”Perdón (por lo que he hecho mal), gracias (por morir por mí, aunque esto no lo entendía realmente), por favor (ven a mi vida)”.

Aquel primer curso Alpha respondió a la mayoría de mis inquietudes intelectuales sobre el cristianismo. Ahora empezaba a mirar mi vida ligeramente diferente.

Regalos de Dios
¿No podía ser que todo lo que había conseguido no fuese por mérito mío sino regalos de Dios?

Inconscientemente me iba dando cuenta de que el Señor había sido paciente y bueno conmigo. Él me había dado todos estos regalos, bendiciones y libertad que me habían permitido triunfar en el mundo humano.

Me había dado todo lo que quería: una esposa maravillosa, una familia fantástica, una gran casa. Pero aún no estaba seguro, no habría dicho que era cristiano en ese momento, estaba en proceso, pero debía tener algo de fe, porque cada día rezaba y leía la Biblia. Realmente algo estaba cambiando.

Valerie había disfrutado del curso y su fe había reavivado completamente. Nos invitaron a ayudar en el siguiente curso Alpha Matutino.

En este curso llegó el segundo elemento: el salto de fe. Veía tantas vidas transformadas a mi alrededor, más allá de la comprensión humana que tenía que ser verdad. Un día, caminando por la calle, me di cuenta de que yo era cristiano. Fue el 2 de marzo de 2004.

Me bauticé en junio de 2004 al acabar el segundo curso, y me confirmé en diciembre con el obispo de Londres.

Evangelizar en el lugar de trabajo
Ahora, dos años después [diciembre 2006], ha habido un gran cambio en mi vida. Desde fuera no se nota, porque vivimos el mismo estilo de vida, pero ha cambiado dramáticamente. Continuamos ayudando en los siguientes cursos y vamos a la Iglesia los domingos. También me pidieron ayudar en Alpha en el Lugar de Trabajo, por mi historial laboral. Tenemos 35 cursos en el Reino Unido y quiero hacer un curso con mis antiguos empleados y ayudamos a Mark y Florence en Alpha Francia.

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