martes, 28 de agosto de 2012

La diferencia entre la Madre Teresa y el Dalai Lama o Billy Graham, según su biógrafo judío

En septiembre se publicará en España un libro que ya fue un éxito en inglés: La Madre Teresa: La vida y las obras de una santa moderna, de David van Biema,  columnista del Time que le dedica a la fundadora de las Misioneras de la Caridad un artículo en el último número de la revista, con ocasión de acercarse el 102º aniversario de su nacimiento, un 26 de agosto de 1910 (murió el 5 de septiembre de 1997). Se titula "Por qué la Madre Teresa todavía importa", y lo encabeza una reflexión: "La forma en que recordamos a una figura religiosa dice mucho sobre nosotros mismos".

Una vida rica antes y después de morir
Van Biema es judío, y por tanto no habla como católico. De hecho, empieza explicando que se le ocurrió el artículo planteándose una cuestión: "¿Cómo recuerda la gente secular a un santo?": "Intenté imaginar lo que yo sabría sobre esta mujer hace quince años, si no me dedicase a escribir de religión para vivir. Probablemente que era buena con los pobres. Poco más. Una amiga de Lady Di. Llegué a la conclusión de que, a no ser que fuese un piadoso católicos, sabría muy poco. Y eso me condujo a considerar la diferencia entre la forma en que la Iglesia católica trata su meritoria muerte y la forma en la que lo hace el común de la sociedad".

Van Biema enumera entonces la apertura del expediente sobre sus virtudes heroicas, la investigación sobre su posible santidad, el reconocimiento en 2002 de un milagro y su beatificación en 2003, la consideración sobre un posible segundo milagro para canonizarla...: "Hay obstáculos y pasos adelante, disgustos y triunfos, a través de los cuales la vida de Teresa después de morir, se convierte casi en tan rica como antes de morir. Año tras año se conduce a los creyentes a través de un proceso que define y pone a prueba su significado para la Iglesia".

David van Biema, columnista del Time.
Graham o el Dalai Lama

Los no católicos, sin embargo, olvidan rápidamente. "Los americanos somos lo contrario del niño de la película El sexto sentido: no vemos muertos", dice con ironía, con la excepción del tratamiento a los presidentes y a Martin Luther King: "Es como si, cuanto más polarizada y fragmentada se hace nuestra sociedad, menos acuerdo hay sobre a quién deberíamos recordar".

¿Qué pasa con otros líderes religiosos? El predicador Billy Graham ha figurado en el Top 10 de los hombres más admirados en 55 de los últimos 56 años. Pero, cuando muera, "¿quién salvo los evangélicos recordará por qué lo era?". El Dalai Lama recibió el Premio Nobel de la Paz en 1989, pero "¿qué quedará en la retina pública salvo su sonrisa y la frontera del Tíbet?". "Los límites religiosos que tales figuras derribaron en vida por la pura fuerza de su personalidad o de sus actos se cerrarán de nuevo sobre sí mismos en las paredes de la tumba", afirma Van Biema.

Análisis de "trabajó por los pobres"
En el caso de Madre Teresa, lo ve distinto, y analiza qué decimos cuando decimos que "trabajó por los pobres": "Cuando decía ´los pobres´, la Madre Teresa subtitulaba ´los más pobres de los pobres´, creando una nueva categoría y una correspondiente obligación moral, identificada primero en los peores barrios de Calcuta y luego -¡sorpresa!- casi en cualquier lugar a donde mires.
También intensificó el concepto de ´trabajar con´, lanzando a sus religiosas a una íntima, sistemática y en ocasiones brutal convivencia con los más pobres". Por último, "con su habilidad para las relaciones públicas y sus viajes incansables, transformó ese humilde mandato en instituciones: miles de escuelas, orfanatos y hospicios en casi todos los países del mundo". Y todo ello, junto al hecho, revelado tras su muerte en su correspondencia, de que hizo todo eso "a pesar de una devastadora sequedad espiritual de cuarenta años".

"Trabajó con los pobres", concluye Van Biema, "es un lema que me ayuda a evocar algo más que un rostro cuando intento recordar por qué la Madre Teresa sigue siendo importante para un judío secular como yo mismo. Y -sucede a veces- cuanto más lo evoco, más me parece que vale la pena evocarlo".

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