jueves, 23 de agosto de 2012

Cora Evans, la mormona que se convirtió al catolicismo y podría ser beatificada

Las aspiraciones de Mitt Romney a la Casa Blanca, respaldadas por encuestas que le sitúan muy cerca de Barack Obama en intención de voto, no se han visto resentidas por su condición de mormón. Sería, en efecto, el primer presidente miembro de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días, fundada por el joven Joseph Smith en 1820 y que goza de especial relevancia en el estado de Utah.

Curiosamente, el 29 de marzo, cuando las primarias republicanas empezaban a revelar a Romney como el candidato con mejores expectativas a la nominación (que le disputó hasta el final el católico Rick Santorum), la Congregación para las Causas de los Santos remitía una carta al obispo de Monterrey (California), Richard García, autorizando la apertura de una investigación para determinar las virtudes heroicas de Cora Evans, una mormona conversa al catolicismo en 1935 y que aseguró haber tenido en 1946 una visión en la que Jesús la impulsó a difundir la devoción a su "humanidad mística".

Diez años de búsqueda
Cora nació en 1904 y murió en 1957. Había rechazado el mormonismo en 1924 justo al casarse con su marido y descubrir los rituales secretos del matrimonio mormón en el templo de Salt Lake City, capital de Utah. En ese momento le decepcionaron las enseñanzas sobre Dios de su comunidad, y emprendió una búsqueda de la verdadera religión que duró diez años, y donde al principio no contaba el catolicismo, por el que sentía una gran aversión.

Cora Evans.
Pero el momento clave llegó el 9 de diciembre de 1934. Aquel día el dial de su radio se encontraba sobre una estación católica californiana, y ella estaba en cama, enferma y sin fuerzas para cambiar de emisora. Lo que oyó por las ondas esa mañana no tenía nada que ver con lo que le habían enseñado sobre la Iglesia, así que en cuanto se repuso acudió a la cercana parroquia de San José a informarse.

Fue así como descubrió la verdad que andaba buscando, y el 20 de marzo de 1935 se bautizó junto con sus dos hijos en Odgen (Utah). Mack, su marido, lo hizo poco después, y con el paso del tiempo muchos familiares y amigos mormones la imitaron.

"Cora amaba a los mormones, se consideraba herencia de ellos. Quería que conociesen a Jesús y comulgasen. Rezaba mucho por los mormones", afirmó en marzo Mike McDevitt, impulsor de su causa de beatificación, al diario Catholic San Francisco.

Las visiones
El 24 de diciembre de 1946, Cora Evans recibió una visión. Jesús se le apareció para pedirle que impulsase la devoción a la "humanidad mística de Cristo" o "divina inhabitación", según la cual Cristo está siempre entre nosotros y debemos comportarnos siempre como si estuviera presente, una espiritualidad muy centrada también en la santa misa.

El proceso abierto debe ahora determinar la realidad de esta visión. De ello se encargará el sacerdote Joseph Grimaldi, a quien monseñor García ha designado como postulador de la causa a nivel diocesano. Cora dejó abundantes escritos donde relataba sus visiones (aquella no fue la única, sino que recibió también algunas apariciones de santos). Según el padre Grimaldi, ya han sido examinados por un teólogo sin encontrar errores, aunque se realizarán nuevos estudios, como en cualquier proceso de esta naturaleza.

Según Grimaldi, un canonista con experiencia que ya participó en la investigación del milagro de canonización del Padre Damián (San Damián de Molokai), el caso de Cora Evans "parece muy esperanzador, a pesar de que ella es relativamente desconocida".

"Se la conoce particularmente por su espiritualidad", continúa Grimaldi: "Podría ser un buen ejemplo de alguien casado que llevó una vida muy buena y muy santa haciendo las cosas ordinarias de forma extraordinaria", aunque según los informes también padeció los estigmas de la Pasión.

Una de las causas de la esperanza de que el proceso llegue a buen término es que los más de ochenta retiros que ha predicado McDevitt sobre la "mística humanidad de Cristo" están siendo, según Grimaldi "muy bien recibidos".

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