martes, 3 de abril de 2012

Antigüedad de la Celebración de la Semana Santa


Antigüedad de la Celebración de la Semana Santa 

Fuente http://ec.aciprensa.com/s/semanasanta.htm

Del estudio atento de los Evangelios, particularmente San Juan, se puede deducir fácilmente que ya en tiempos apostólicos se daba cierto énfasis al recuerdo de la última semana de la vida mortal de Jesucristo. La cena en Betania debe haber tenido lugar el sábado, "seis días antes de la Pascua" (Jn 12, 1-2), y la entrada triunfal a Jerusalén partió de ese lugar la mañana siguiente. Tenemos un registro bastante detallado de las palabras y acciones de Cristo desde ese evento hasta la Crucifixión. Mas no sabemos con certeza si esa percepción de la santidad de esos días es algo que viene desde el inicio o no, aunque ya existía con seguridad a fines del siglo IV en Jerusalén, pues la Peregrinación de Ætheria contiene una descripción muy detallada de toda la semana, comenzando con el ritual en el "Lazarium" de Betania el sábado, durante el cual se leía la narración de la unción de los pies de Cristo.

Al día siguiente, que - en palabras de Ætheria- "marcaba el inicio de la semana de Pascua, a la que aquí llaman "la Gran Semana", el archidiácono dirigía al pueblo un recordatorio especial: "Durante toda la semana, a partir de mañana, reunámonos en el Martyrium, o sea, en la iglesia grande, a la hora nona". La conmemoración de la entrada triunfal de Cristo a la ciudad tenía lugar esa misma tarde. Grandes multitudes, que incluían a niños muy pequeños para caminar, se congregaban en el Monte de los Olivos, donde cantaban himnos y antífonas y escuchaban lecturas, para volver luego en procesión a Jerusalén, acompañando al obispo y llevando palmas y ramas de olivo delante de él. Se mencionan ritos especiales, además del oficio diario, para cada uno de esos días.

El jueves ya entrada la tarde se celebraba la liturgia; todos comulgaban. Enseguida la gente se dirigía al Monte de los Olivos a conmemorar con lecturas e himnos apropiados la agonía y el prendimiento de Cristo en el huerto.Volvían a la ciudad al clarear la mañana del viernes. Este día también había ritos, entre los que destaca, antes del mediodía, la veneración de las reliquias de la verdadera Cruz y del letrero que había sido clavado en ella.

Pasada esa hora, se realizaba otra ceremonia, que duraba tres horas, en la que se conmemoraba la Pasión de Cristo y en la que, según narra Ætheria, los llantos y lamentos de la gente superaban cualquier descripción. Si bien deben haber estado cansados, los más jóvenes de entre los fieles y el clero guardaban vigilia esa noche.

El sábado, además de los ritos ordinarios celebrados durante el día, se celebraba en la noche la gran vigilia pascual, en la que se tenía el bautismo de niños y catecúmenos. Pero ésto, como sugiere Ætheria, ya era algo conocido en Occidente.

La descripción que acabamos de resumir pertenece probablemente al año 388 y tiene un altísimo valor en cuanto procede de una peregrina, testigo que había indudablemente participado en los ritos y los había observado atentamente. Empero, la observancia de la Semana Santa como una conmemoración sagrada especial debe ser considerablemente más antigua. En la primera de sus Cartas Festales, escrita en el año 329, San Atanasio de Alejandría habla del estricto ayuno que se guardaba durante "esos seis santos y grandiosos días [antes del Domingo de Pascua] que simbolizan la creación del mundo". Él se refiere, aparentemente, a algún antiguo simbolismo que extrañamente reaparece en el Martirologio Anglosajón en tiempos del Rey Alfredo. Poco después escribe: "El décimo día de Pharmuti comenzamos la semana santa de la gran Pascua, en la que debemos observar oraciones más prolongadas, ayunos y vigilancia, para que podamos ungir nuestros umbrales con la preciosa sangre y escapar del destructor".

De esta y otras parecidas referencias, e.gr., en San Crisóstomo, las Constituciones Apostólicas y otras fuentes, incluyendo un edicto de Constantino, de dudosa autenticidad, que proclama que los asuntos públicos deberían ser suspendidos durante la Semana Santa, parece probable que ya para el fin del siglo IV d.C. se hubiese adoptado a lo ancho del mundo cristiano algún tipo de observancia de esos seis días, a través de ayunos y oraciones. Es incluso muy probable que un ayuno de mayor severidad haya sido anterior a eso, puesto que Dionisio de Alejandría (alrededor del 260 d.C.) habla de algunas personas que pasaban los seis días sin probar alimento (véase CUARESMA).

Esa semana también se conocía con el nombre de la semana del ayuno seco (xerophagia), y algunas de sus costumbres quizás hayan sido influenciadas por una errónea etimología de la palabra Pasch, de uso común entre los griegos. La palabra Pasch procede realmente de una palabra hebrea (pesach) que significa "paso" (del ángel destructor), pero los griegos pensaron que era igual a paschein, padecer. 

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